El retorno

“Europa, ¿una marca?”

Vamos y venimos. Damos y recibimos.

Hemos vuelto. Nos fuimos con los deberes hechos y volvemos con la libreta llena de proyectos e ideas. De ilusión. Es nuestro principal ingrediente y la clave de nuestra estrategia. No hay mucho más. No hay gráficos, ni profundos análisis ni terminología más compleja que ésta; una ilusión que es de verdad. Y, allá donde vamos es lo que somos capaces de mostrar, lo mejor de nuestra marca, lo real de ésta.

Al marcharnos, nuestro propósito era ir a otros pueblos, otras playas, otros chiringuitos…y, observar. Hemos recorrido una parte de la vieja Europa. Esa que se conforma con la fuerza de unos y la debilidad de otros. Europa intenta ser una marca madre que arrope y represente a sus protegidas. Es cierto que aporta seguridad, construye una proposición de valor para el receptor lejano en la geografía. Pero la percepción varía al acceder por alguna de las múltiples puertas que permite su entrada. El progreso, la fuerza, la historia que simboliza Europa adquiere matices muy diferentes. Sea cual sea el destino dentro del viejo continente, es fácil encontrar aspectos identitarios del lugar. Son su verdad, aquella de la que no se puede huir y aun poniendo banderas azules con estrellas, siempre quedará por encima. Y, quizás, esta verdad de la que ningún lugar se puede escapar, nos cuente cosas diferentes de lo que su “madre protectora” nos quiere convencer.

La idea de Europa como un conjunto de valores diversos no es mala. Cada país ofrece su propia marca fundamentada en ADN, en su historia, su cultura, sus habitantes y la particular situación que esté viviendo en cada momento. La de ahora, sin embargo, ofrece la melodía desafinada de un coro donde no todos los integrantes interpretan de igual modo la letra de la canción; la de la innovación, la cultura, la ecología, etc. La sintonía de una marca que chirría.

Uhm! Abierto a la reflexión.

Fotografía©CABO DE MARCAS 2013

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